Soy de TACNA, y escribo desde acá ocurrencias propias y no necesariamente por coyunturas.
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sábado, 7 de junio de 2014

EFIGIE DE BOLOGNESI

“Cuando menos sea nuestra fuerza, más animoso debe ser nuestro corazón.”


«Había vivido Bolognesi sin mancharse ni con el lodo de las guerras civiles ni con la locura de las riquezas dilapidadas simultáneamente. A pesar de su modestia, de su sencillez, le tocó transfigurarse a los sesenta y tres años. Cuando todo se apagaba, él y sus camaradas obtuvieron allí con su decisión irrevocable que los revestía de una sagrada tristeza y los circundaba de una perenne claridad. En ellos la dignidad humana fue superior a la muerte. Antes de pronunciar sus famosas palabras, la mirada silenciosa y honda del héroe conoció y superó todas las infamias del mundo, vio toda la guerra con la extraña soledad que infunden el honor y la energía del hombre libre y el limpio afán de proceder bien. Un pueblo entero pasó en unos minutos por aquella habitación desmantelada con sus equivocaciones y sus pecados y sus sueños de grandeza y su futuro esplendoroso. Le cayeron los años sobre el rostro al viejo coronel y habló como después de muerto. Una llama clara e intensa le brilló en los ojos mientras el aire de la mar jugaba con sus cabellos canos. Su palabra centelleó como el acero arrebatado de un golpe a la vaina. Dijo sólo una frase breve y ella quedó viva callando luego el estrépito del combate y las dianas de la victoria. Flamea como una bandera al viento de la historia.

«Bolognesi y los suyos probaron que ni los ejércitos ni los pueblos ni los hombres deben fijarse exclusivamente en la utilidad inmediata o en las consecuencias visibles de sus grandes decisiones.

«El que muere donde debe, vence y sirve. La astuta prudencia saca con reparos perezosos excusa para la tibieza transitoria, la inactividad y el egoísmo. Como con bubas en el rostro y jorobas en la espalda suelen pasar los que ante las penas de la patria se escabullen y están como fugados. Los verdaderos vencidos, a veces los verdaderos muertos, son los que son por obra de ellos mismos: por su desidia, su cobardía, su malignidad o su soberbia. La patria no fue inflexible en aquella época tremenda o después de ella con quienes la desampararon so capa de comodidad, duda o impotencia y no dijo "Esos" con la mirada como un látigo sobre sus carnes y sus almas, ni puso en cadenas al deber desatendido. Pero dijo, en cambio, amorosamente, "Estos" a los que infundieron máxima belleza y grandeza a su agonía y alargaron el agua a su sed cuando estaba siendo crucificada.

«Hay diferentes modos de dormir en la soledad de las tumbas. Bolognesi y sus compañeros están siempre acompañados por un cariño y un respeto espontáneo y multitudinario porque, al inmolarse, le dieron al Perú algo más importante que una lección de estrategia: le dieron símbolos nacionales, aliento misterioso para el alma colectiva. Y es que el dolor puede ser la mejor fuente de júbilo, de reanudación de tarea nueva.

«Para el ejército peruano Bolognesi es con Cáceres lo que Grau para la marina. Cada año los cadetes juran ante su recuerdo de fidelidad a la bandera. Con los elogios que en prosa y en verso se ha dedicado y dedica a ambos, podrían formarse muchos volúmenes. Buques de guerra, provincias, caletas, colegios, puentes, calles, avenidas, teatros, clubs deportivos llevan sus nombres. Casi no hay población peruana sin monumentos o bustos suyos. Sus retratos adornan las oficinas públicas y el despacho del Presidente de la República cómo también casas y tiendas humildes. Lo mejor que el Perú de la reconstrucción pudo albergar, en Grau, en Bolognesi y en Cáceres se inspiró.»


En Historia De la República del Perú, Jorge Basadre.








miércoles, 21 de agosto de 2013

PERÚ JA JA

Mientras esperaba que mi caserita del mercado me sirviera un jugo mixto esta mañana, leía el periódico que tiene toda juguería para no aburrir al cliente. En eso, leo un artículo del excongresista Jurado sobre un tema del que no estaba enterado porque ando últimamente super ocupado: la obra teatral "PERÚ JAJA." El 03 de julio, una reportera de La República entrevistó a la directora de esta obra, Rocío Tovar. Las palabras de esta mujer no han parecido nada agradables a muchos de nosotros. En realidad, a mí me da vergüenza que sea peruana esta Tovar. Se despacha, muy suelta de huesos, con una serie de declaraciones torpes y de mal gusto sobre algunos héroes nuestros. La entrevistadora parece practicante universitaria, pues no le contraargumenta un ápice. 
Lo que decía el gordito Ronnie Jurado tiene mucho de copia de un artículo que publicara el 27 de julio el señor Gustavo Faverón que aquí transcribo. A leer.


27.7.13
Los pendejos y los cojudos (a propósito de una obra teatral de Rocío Tovar)

Rocío Tovar, directora teatral, autora de Perú ja ja, le concede una entrevista al diario La República. En esa entrevista se refiere a su propia comedia como "una magistral clase de historia del Perú en joda". En principio, tiene derecho a hacerlo: hay innumerables autores que son notables críticos sociales a través de la sátira teatral. Pero no es su caso. De pronto, en la entrevista, refiriéndose a la obra mencionada, que representa ridículamente pasajes de la historia del Perú, dice lo siguiente:

"Lo que pasa es que, en 1889, en Arica, Bolognesi es un general en retiro, y pide volver a actividad... Alfonso Ugarte tiene 20 años, es un chico muy adinerado (de allí viene lo de estúpido, cojudo, hijo de papá) y regala 44 caballos para la batalla, y eso le da título de coronel. Entonces, un señor retirado, que vuelve a la guerra, que ama la milicia, tiene conciencia de patria y que lucha con un tipo así al lado, es como Pinky y Cerebro, El tonto y el más tonto, dos de los Tres chiflados encima del morro…"

Hay algunas cosas que sería bueno tener en cuenta antes de creerse la "magistral clase de historia del Perú" de Rocío Tovar. La batalla de Arica no fue en 1889 sino en junio de 1880. Bolognesi no era un general en retiro, sino un coronel (no era ningún anciano: tenía 63 años). Alfonso Ugarte no tenía 20 años sino 33: no era "un chico". Su padre murió cuando él tenía cinco años: no era "un hijo de papá". No "regaló 44 caballos para la batalla": peleó en varias batallas antes de la de Arica (de hecho, había recibido un balazo en la cabeza en un combate anterior) y no tenía a quién obsequiarle los caballos porque el regimiento militar de Iquique lo encabezaba él mismo, lo había formado él mismo, reclutando personalmente a sus casi quinientos miembros, y también lo había equipado él.

Yo no soy nacionalista, ni chauvinista y ni siquiera puedo decir que sea muy patriota. Pero me pregunto cuál es la gracia de que una escritora ignorante ande por ahí declarando estupideces infundadas, que esas estupideces le sirvan de base para criticar una realidad que nunca existió, que a esa crítica arbitraria la llame "magistral clase de historia" y que una periodista de La República, sin ningún criterio (y no es la primera vez que lo demuestra) reproduzca todas esas tonteras sin cuestionar ni siquiera los errores más obvios.

Y como no soy muy patriota ni soy nacionalista ni chauvinista, no corro el riesgo de parecer huachafo si les pido una cosa: que lean el siguiente párrafo, que es el inicio del testamento de Alfonso Ugarte, y luego piensen en quién diablos es Rocío Tovar para llamarlo "estúpido, cojudo, hijo de papá":

"En Iquique a los cuatro días del mes de Noviembre de 1879, yo, el abajo suscrito Alfonso Ugarte, hago mi primero y quizá último testamento con motivo de encontrarme de Coronel del batallón "Iquique" de la Guardia Nacional y tener que afrontar el peligro contra los ejércitos chilenos que hoy invaden el santo suelo de mi Patria y a cuya defensa voy dispuesto a perder mi vida con la fuerza de mi mando. Declaro que soy cristiano, que profeso y creo en la Religión Católica y que vivo y muero en tal creencia. Si en algo soy injusto aquí, si he olvidado algún deber, suplico a todos me perdonen, pues en los momentos en que escribo esto me encuentro apurado, con mis deberes militares y del negocio y mi ánimo completamente aniquilado al pensar en que puedo desaparecer en esta campaña y abandonar a mi madre y hermanas que necesitan de mi apoyo. Iquique, Noviembre 6 de 1879. Firmado, Alfonso Ugarte".

Y como no soy muy patríota ni soy nacionalista ni chauvinista tampoco corro el riesgo de parecer huachafo si les pido que lean un párrafo de la última carta que le dirigió Bolognesi, a sus 63 años, a su esposa:

"... Ésta será seguramente una de las últimas noticias que te lleguen de mí, porque cada día que pasa vemos que se acerca el peligro y que la amenaza de rendición o aniquilamiento por el enemigo superior a las fuerzas peruanas son latentes y determinantes... ¿Que será de ti amada esposa...? ¿Que será de nuestros hijos, que no podré ver ni sentir en el hogar común? Dios va a decidir este drama en el que los políticos que fugaron y los que asaltaron el poder tienen la misma responsabilidad. Unos y otros han dictado con su incapacidad la sentencia que nos aplicará el enemigo. Nunca reclames nada, para que no se crea que mi deber tiene precio..."

Los peruanos, a diferencia de lo que ocurre en otros lugares del mundo, no somos muy dados a leer los documentos de nuestra historia. Por ignorancia, creemos, quizás, que no tenemos nada que aprender de ellos porque fueron escritos en otro tiempo muy diferente, sobre otros problemas que ya no son los nuestros. Pero díganme si no los conmueven la carta de Ugarte, un hombre rico que bien habría podido huir ante el peligro (de hecho, desde antes tenía programado su viaje de bodas a Europa y lo abandonó para luchar por el país) o la carta de Bolognesi, que no sólo vuelve al ejército durante la guerra, sino que explica exactamente por qué lo hace: porque siente que la clase política peruana ha abandonado al país, lo ha traicionado, unos por maldad y otros por incapacidad, y cree que él tiene el deber de dar la cara y proteger a sus compatriotas.

Ya sabemos cómo terminó esa historia, sabemos que Ugarte y Bolognesi murieron en esa batalla, y, leyéndolos, sabemos que ellos sabían cuál era su destino. En contra de lo que dice un estúpido lugar común, que todos hemos escuchado alguna vez, el Perú no llama héroes a Bolognesi y a Ugarte porque en nuestro país nos guste adorar a los perdedores. Los consideramos héroes, con justicia, porque hicieron mucho más de lo que estaban obligados a hacer (en verdad, estrictamente, no estaban obligados a hacer casi nada): son héroes porque fueron solidarios en un país donde la solidaridad es rara.

Rocío Tovar no es un caso aislado. En el Perú existe la idea vil y baja de que la solidaridad y la voluntad de entregarse por los demás es cosa de "cojudos". Que la compasión, la colaboración y la empatía son zonceras de payasos, "el tonto y el más tonto", y que los "cojudos" son perdedores porque este mundo no es para ellos, sino para los "pendejos". ¿Y quiénes fueron los pendejos? Los que salieron volando, los que recaudaron dinero ajeno y desaparecieron para siempre, los que renunciaron a sus deberes y salvaron el pellejo, los antecesores de la repartija, la traición, el asalto, la inoperancia y la cobardía.

Lo de Rocío Tovar es una lástima (demasiada ignorancia junta, demasiada indolencia) pero mucho más triste es que Perú ja ja sea un hito en la historia de los grandes éxitos del teatro peruano. Quienes creen que el éxito valida a las obras de arte y a los productos culturales tienen ahí algo que explicarnos.

Ugarte y Bolognesi fueron peruanos solidarios que trataron de garantizar la vida, la seguridad y la paz de los demás peruanos a costa de sus vidas, puestas en riesgo por la estupidez y la inmoralidad de la clase política. Eran "cojudos" tratando de arreglar los problemas causados por los "pendejos". Qué poquito hemos cambiado, ¿no? Y cuántas cosas más tenemos que leer para ser justos con ellos y con nosotros mismos.

...
Publicado por Gustavo Faverón Patriau



La entrevista de La República, puede leerse AQUÍ.


Esta es la columna que leí en la mañana.


Artículo sobre el tema publicado en el diario La Primera.



Rocío Tovar



CARLOS CARLÍN




ALFONSO UGARTE



FRANCISCO BOLOGNESI