Soy de TACNA, y escribo desde acá ocurrencias propias y no necesariamente por coyunturas.

domingo, 13 de enero de 2013

JOSÉ: LA HISTORIA DE MI HOGAR

Las etiquetas revelan el sentido de esta historia.

Soy José y tengo 29 años. Nací en un hogar común y corriente del Perú, somos papá, mamá, dos hermanas, un hermano y yo (bueno, eso era lo común en mi época). He tenido una vida como la de cualquiera que tú conoces, con comida, televisión, holgazanería, amigos, chicas, gozos y desaires, todavía vivo con mis padres y no te rías de mí porque seguro que tú también vives con tus papás o te mantienen de alguna otra manera. En fin, todo iba bien en casa: papá, mi hermano y yo vivíamos tranquilamente, comiendo y viendo la tele sin problemas. Pero, hace un tiempo, mamá se puso exigente (las novelas son las culpables) y nos cuadró: también los hombres debíamos ayudar a la casa y no ser solo una carga más. Papá se fue a la chacra y mi hermano salió fuera a trabajar. Yo tengo la obligación de permanecer en casa porque mamá dice que es necesario un hombre que cuide el nido.

Entonces, me dijo, "ponte a hacer algo provechoso si quieres seguir teniendo tu barriga llena." Caballero pues, manos a la obra. En realidad, yo no sé hacer casi nada, con las justas terminé la secundaria en un colegio público de la esquina de mi barrio. Pero lo bueno era que en la casa había muchísimo que hacer debido al descuido que habíamos tenido hacia ella los años pasados, así que tenía capacidad de obrar algo allí (tampoco soy un inválido). Digamos que ordené la casa e hice que mis papás se sientan orgullosos de mí: en el baño, limpié la tasa y arreglé la ducha, además quité el sarro que tenía la mayólica que ya parecía indeleble. Limpié las ventanas y los interruptores de luz que estaban mugrosos; al lavadero que tenía hongos, a fuerza de uñas y lejía, le saqué los hongos; boté toda la arena que acumulamos en la azotea después del techamiento del segundo piso pero que ya estaba inutilizable debido a los desperdicios que a lo largo de los años mi perrita había depositado allí. Esto último fue realmente un reto, pues el carro de la basura se rehusaba a llevar tanta arena, estiércol y bloquetas rotas, por lo que tuve que irlo sacando poco a poco y además botar mis bolsas de arena junto con la basura de varios vecinos que no notaban el “material” adicional porque lo ponía a medianoche o más tarde. Al cabo de un año, nuestro techo estuvo libre de aquel polvo inmemorial.

Bañé a mi pulguienta, la Engreída y la desparacité; limpié los pocos artefactos eléctricos del hogar e hice algunas cosas más. Todos se sentían satisfechos por las mejoras logradas y que eran visibles, por cierto. Mis papás me dieron hasta dinero sin que les pida y toda la familia me veía bien, creo que incluso mi hermano mayor envidiaba la aprobación que recibía de mis padres y hermanas, era el Amo de Casa y de cierto ayudaba en lo posible, hasta he aprendido a cocinar (solo lo elemental). De afuera se notaba la diferencia: había limpiado nuestra polvorienta pared con un para de escobas viejas; los vecinos ya nos visitaban más a menudo.

Sin embargo, después de haber hecho todo lo anterior, llegó un momento (este momento) en el que ya no tenía gran novedad por realizar. Aun faltan muchas cosas por mejorar en la casa, pero lo malo ahora es que yo no sé cómo hacerlas: colocar un nuevo pilón al lavadero, pintar las paredes o al menos evitar que se calichen, poner la corriente eléctrica en el segundo piso, vender la vieja máquina de helados del abuelo, colocar un piso decente de parquet. Como tenemos algo más de plata en los bolsillos, intentamos contratar a alguien para que haga todas esas mejoras, pero el hombre cobra un dineral, más de lo que podemos pagar; dice que los precios han subido. Eso era todo, yo ya no puedo hacer más, a lo mucho, algo de mantenimiento general: lavar platos, barrer, volver a limpiar ventanas y el baño de cuando en cuando, etc. Ojalá eso fuera todo, pero lo peor es que ahora me aburro mucho,  ya no tengo los motivantes ímpetus de antes. Antes sí que los tenía, pero la inacción me ha vuelto flojo otra vez. Espero no volver a caer en la holgazanería de antes, pero ahora es mucho más probable: mamá está complacida conmigo y cree que todo lo que hago es bueno. Yo no quiero que piense lo contrario (y tampoco quiero perder mis nuevas mesadas), así que simularé que sigo arreglando la casa con todo lo que necesita.



basado en hechos reales...

1 comentario:

  1. bs ien amigo no eres el primero todo lo que hagas y aprene amigodas te va a servir mucho suerte

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