Soy de TACNA, y escribo desde acá ocurrencias propias y no necesariamente por coyunturas.

jueves, 23 de junio de 2011

CRÍTICA LITERARIA PARTE 1


Previo a un examen de admisión,   leí su prospecto por necesidad, movíanme a risa las interpretaciones que daban los críticos a obras seleccionadas. «O sea, decía yo, criticar  la motivación de un autor a su poema, no pues».   En verdad, yo había  hecho uno que otro mediocre escrito sin la mayor intención que gastar tinta, rellenar hojas o matar el tiempo. Leídos luego, nada veía que pudiera significar tal escrito sobre mí p alguna situación actual o pasada, de alguna pasión o íntimo deseo.  Todo texto se podría interpretar  de cualquier manera, de acuerdo cono la imaginación del crítico.  «Hacer crítica» así, me parecía tarea fácil, creativa, y nada relevante; sino más bien vanagloriosa: como si alguno de nosotros  pudiera saber la intención de un escritor al hacer su obra. Pero, ¿acaso el crítico es el escritor mismo para saberlo?
Tenía en mente dos cosas de composición literaria: las escritas con alguna intención (cuya interpretación no  me parecía posible desde la mente de otro que no fuera el escritor) y las obras elaboradas sin intención alguna (como las propias antedichas), para las cuales no había posibilidad interpretativa de parte de nadie. Escribí,   entonces, un «poema», con intención esta vez, y he tratado de interpretarlo de varias formas.




Sorpresiva su presencia
Como crítica a mi descuido
Ea, ved al recién nacido
Espetándome fama apenas reconoce su conciencia;
Amanecía su existencia
Vio luz mundana por primera vez.
Percibí gracia escasa,
Mientras rememoraba su desagradable concepción.
La  perspectiva inminente
De convivir con él día a día;
¡de darle mis nutrientes!
Ceder yo sin beneficio alguno para mí de mi diaria ración.
Mas, algo de satisfacción:
Sin ánimo aquel existe; aliméntase el pequeño,
Perpetuamente ajeno a los deleites de la sazón.
Amanecía su vida, y ya murió.
No me vio rabiar su presencia;
Ni tampoco  experimentó
Mis infinitos reproches a su espantosa tez rosada
Desapareció al fin;
Mas dejó vástago,
Negro cual la noche,
Una desesperada mezcla de espacios distintos.
Reniego de esa oscuridade;
Y cuando me veo,
¡cómo me rebelo!
¿Qué hacer con tal tiniebla muerto ya el no querido?
Márchase el indeseado;
Ya de esta suciedad no me intereso;
¡no ha permanecido!


LAS INTERPRETACIONES A ESTE POEMA EN LA SEGUNDA PARTE.

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