Soy de TACNA, y escribo desde acá ocurrencias propias y no necesariamente por coyunturas.

sábado, 30 de marzo de 2013

EL PEREGRINO DEL SANTO SEPULCRO


¡Yo soy Peregrino del Santo Sepulcro! Respondió Marchenoir con su hermosa voz grave y clara. Soy eso y nada más. La vida no tiene otro objeto, y la locura de las Cruzadas es la que más honra a la razón humana. Anteriormente al cretinismo científico, los niños sabían que el Sepulcro del salvador es el Centro  del universo, el pivote y el corazón de los mundos. La tierra puede dar vueltas cuanto quiera alrededor del Sol. Yo lo consiento, pero a condición de que este astro, que no está informado de nuestras leyes astronómicas, continúe tranquilamente su revolución alrededor de ese punto imperceptible y que los millares de sistemas que forman la rueda de la Vía Láctea continúen en movimiento. Los cielos inimaginables no tienen otro empleo que el de marcar el lugar de una vieja piedra donde Jesús ha dormido tres días.

Me basta creer con los antiguos que el Lugar Santo debe volver a ser, en el tiempo señalado, la Sede Episcopal y real de esta Palabra que juzgará todas las palabras. Así sería resuelta la Ansiedad famosa que los políticos llaman tan tontamente la Cuestión de Oriente.

Deberíamos estar horriblemente tristes, agregó el extraño profeta, como hablando consigo mismo. He aquí que se hace tarde y se viene la noche en que nadie podrá obrar. Somos muy viejos y los que nos siguen son más viejos todavía. Nuestra decrepitud es tan profunda que no sabemos ni siquiera que somos IDÓLATRAS.
Cuando Jesús venga, aquellos de entre nosotros que “velarán” todavía a la claridad de una pequeña lámpara, no tendrán ya la fuerza de volverse hacia Su Faz, de tal manera estarán atentos a interrogar los Signos que no podrán dar la Vida. ¡Será preciso que la Luz los golpee en la spalda y que sean juzgados por detrás!...

León Bloy, La Mujer Pobre 




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